Os voy a contar la historia de Raska

Apareció hace 5 años frente a nuestra casa. Uno de tantos cazadores decidió abandonarle a él y a su hermano,  sin pensar en las consecuencias y ante la impunidad frente a estos hechos. Debió de gustarles el lugar, un pequeño terreno, rodeado de algunas viviendas. Se instalaron sin hablarse con nadie, recelosos, ariscos, casi cachorros. No pedían nada, ni nadie les daba nada, buscaban entre los contenedores de basura o terminaban las sobras de algún perro vecino. No molestaban.

Raska.2011-12-23-17.04.23

Un desgraciado día alguien atropelló a uno de ellos y el que quedó, Raska –alguien ya le había puesto el nombre- se sumió en lo que los humanos dirían una profunda depresión. No salía de esa pequeña parcela, y aunque algunos le echábamos de comer, se asustaba y se alejaba. Era puro pellejo y  costillas. Se pasó más de dos años así, comiendo quién sabe dónde y durmiendo en un agujero que se había hecho bajo una zarza. Era su hogar lloviera, helara o nevara.

 

Al tercer año aceptó comer lo que le lanzábamos tras el cercado de piedra, y solo cuando creía que no lo veíamos. Comenzó a seguirnos a cierta distancia, acompañaba a la mastín Luna o nos “guardaba” cuando trajinábamos en el huerto, defendiéndonos con algún ladrido si se nos acercaba alguien. Era lo que más le gustaba, se sentía protegido y protector, parte de nosotros. Seguía al coche a pesar de las protestas y los intentos para que no lo hiciera. Intuía nuestra llegada al pueblo mucho antes de vernos. Poco a poco se atrevió a entrar en el patio, pero lo que nunca conseguimos fue tocarlo.

El cuarto año apareció en escena otro perro abandonado y recogido, para su desgracia, porque aprendió malas artes de él.¡Cómo disfrutaban los dos!, mientras la mastín Luna, por su tamaño voluminoso y por su artrosis apenas los podía seguir, ellos ¡volaban!. Saltaban los cercados de piedra, se perdían entre las encinas, chapoteaban todos los charcos, llegaban de una carrera a la ermita de Gracia, y más lejos aún. Sin embargo el nuevo, Fran, comenzó a meterse con ovejas, vacas y ¡hasta toros! En equipo acorralaron ovejas y fue el más joven quien atacó y dejó mal heridas a varias de ellas. Aquello fue la desgracia de los dos.

Raskacharco

La situación se hizo insostenible, y por más que se intentó buscarle un hogar lejos de las granjas, no se consiguió, ¡hay miles de perros abandonados, la mayoría víctimas de la caza! Ni amigos, ni conocidos, ni asociaciones de animales, Internet, segundamano… no hubo forma de encontrarle un lugar a Fran. Alguien nos contó lo que él hacía con los perros que ya no le “valían”, “les atas por la noche con una cuerda corrediza y por la mañana ya te encuentras la faena hecha”. Así de fácil y de barato.  Por supuesto este no fue su final, fue otro más ¿humano?

Rasca había aprendido con ese compañero de juego  a ser más osado, ladraba a quienes pasaban en bici, aquellos que llevaba un bastón, a los coches, y sobre todo a un ciudadano que merece historia aparte. Pero la parte de su historia que nos interesa ahora es que sacó una escopeta y no lo pensó, le dio igual ir por el pueblo con la escopeta cargada, y mucho más le dio igual dispararle; Raska perdió la visión de un ojo. ¡Pudo ser peor!, porque ya lo había intentado otras veces. A raíz de aquello se acostumbró a esconderse cada vez que lo sentía.

Con la desaparición de Fran, Raska volvía a estar solo, olvidó la correrías –ya no tenía a quien seguir-y se sumió en un abandono total. Pero su suerte estaba echada. Fue denunciado y condenado por las hazañas de Fran, a pesar de que éste ya había pagado con su vida esas fechorías. El Ayuntamiento no esperó mucho, además, era un “sin papeles”. No tenía chip –porque seguía sin dejarse tocar-, por lo que no se pagaba ninguna licencia por él. De nada servía que llevara meses rehabilitado. En cuanto los vio llegar se refugió en nuestro patio. Malo. Allí le acertaron con el dardo tranquilizante y se lo llevaron a la perrera de Zamora, la de la Junta de Castilla y León.

Ahora lo echamos de menos porque ha dejado el terreno vacío y la casa que le habíamos hecho. Era el primer invierno de su vida donde tenía un lugar donde guarecerse, ya se había reconciliado con el ser humano, aunque no se dejara tocar, pero confiaba en nosotros. Ese es el precio que ha pagado por ello.

No podemos ir a sacarlo de la perrera, volverían las denuncias, los malos rollos… Dicen que están tres meses hasta que los sacrifican si nadie los reclama. Nadie lo va a hacer.

Os dejo su foto y su historia. No está registrado su nombre en la perrera, nadie preguntó. Se lo llevaron de Almeida de Sayago el 13 de febrero del 2012. Ojalá alguien lo libere. Ojalá se endurezcan las leyes con quienes provocan el sufrimiento y abandono de los animales.

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Una respuesta a Os voy a contar la historia de Raska

  1. Jose Luis dijo:

    Hola! Si dices que ya le habíais hecho una casa, ¿por qué tendría que haber problemas si adoptáis a Raska? Seríais sus propietarios y nadie os tendría que decir nada, siempre que lo tengáis controlado, claro.
    Jo, me da muchísima pena esta historia, que no es diferente a tantas otras de animales abandonados, pero es que todas son muy tristes.

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